Diagnóstico
Antes de proponerte nada, revisamos nueve frentes de tu empresa y te entregamos un mapa de riesgos. Sin costo. Es la única forma de que la propuesta responda a tu situación y no a un catálogo.
Un equipo asignado que conoce tu operación, revisa lo que vas a firmar antes de que lo firmes y responde cuando lo necesitas. Con una cuota mensual fija y un alcance escrito.
Empezar por el diagnósticoCuando una empresa es pequeña, llama a un abogado cuando pasa algo. Funciona: pasan pocas cosas y cada una se resuelve por separado.
Cuando una empresa es grande, contrata un departamento legal. También funciona: hay volumen suficiente para justificar un equipo en nómina, con su costo fijo y su estructura.
El problema es el tramo del medio. Una empresa de veinte, cincuenta o ciento cincuenta empleados ya tiene contratos que firmar cada semana, personal que entra y sale, obligaciones con plazo y decisiones que no deberían tomarse sin criterio jurídico. Pero no tiene el volumen —ni la voluntad— de sostener un departamento propio.
Ahí, lo que suele pasar es una de estas dos cosas: se llama al abogado solo cuando el problema ya existe, o se deja de llamar para no generar costo. Las dos salen caras, y la segunda sale más.
Cuando pagas por hora, cada llamada tiene un precio. El resultado es previsible: dejas de llamar. Y las consultas que no se hacen son exactamente las que después se convierten en problemas — el contrato que se firmó sin revisar, la salida que se manejó de oído, el plazo que nadie vio venir.
La cuota fija existe para eliminar esa fricción. Preguntar no cuesta más. Consultar antes de decidir no genera una factura sorpresa. Y para nosotros el incentivo se invierte: nos conviene que tu empresa tenga menos problemas, no más horas.
No estás comprando tiempo de abogado. Estás contratando capacidad jurídica disponible de forma permanente.
Para empresas en operación que reconocen al menos tres de estas situaciones:
Si tu empresa todavía no tiene empleados, si necesitas resolver un asunto puntual y cerrado, o si buscas representación en un juicio que ya está en curso, esto no es lo que necesitas. Podemos ayudarte igual, pero por otra vía. Escríbenos y te decimos cuál.
Antes de proponerte nada, revisamos nueve frentes de tu empresa y te entregamos un mapa de riesgos. Sin costo. Es la única forma de que la propuesta responda a tu situación y no a un catálogo.
Con el mapa en la mano, definimos qué se atiende primero, qué puede esperar y qué queda fuera del alcance mensual. Por escrito, antes de empezar.
Sabes quién lleva tu empresa y hablas con esa persona. No explicas el contexto desde cero cada vez que llamas.
Revisamos lo que vas a firmar, respondemos lo que consultas y nos ocupamos de lo que corresponde al plan. Dentro de un plazo de respuesta comprometido.
Una reunión mensual para revisar lo abierto, lo que viene y lo que cambió en tu negocio. Corta y con agenda.
Cada cierto tiempo volvemos a levantar el mapa. Sirve para ver qué mejoró, qué apareció nuevo y si el alcance sigue siendo el adecuado.
En la mayoría de empresas, el área legal y la contable no se hablan. Legal se entera de un problema tributario cuando ya es una glosa; contabilidad firma acuerdos con implicaciones jurídicas que nadie revisó.
En Clarté las dos prácticas trabajan sobre la misma empresa y comparten información. Quien lleva tus contratos sabe cómo está tu situación tributaria, y quien lleva tus declaraciones sabe qué compromisos firmaste. Es más difícil que algo caiga en el medio.
Preferimos decirlo antes de empezar.
Nada de esto queda fuera de Clarté: queda fuera de la cuota mensual. Cuando aparece, lo cotizamos aparte y decides.
No proponemos una cuota sin haber revisado tu empresa. El primer paso es el diagnóstico: veintiséis preguntas, una conversación de treinta minutos y un mapa de riesgos que es tuyo, decidas trabajar con nosotros o no.
Conocer el diagnóstico